El Milagro de Calanda - El cojo de Calanda
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¿Un misterio rigurosamente histórico? En el siglo XVII un joven de la población turolense de Calanda sufría la amputación de su pierna derecha. Dos años después de su terrible accidente un ...

La historia

Casi trescientos años antes de que la villa de Calanda viera nacer al cineasta Luis Buñuel, nacía en el pueblo turolense el otro personaje que daría fama internacional a la población aragonesa. Miguel Juan Pellicer, "el Cojo", venía al mundo en 1617.
Con tan sólo 20 años, Pellicer abandonaba su humilde hogar familiar para trabajar en Castellón de la Plana en compañía de su tío materno, Jaime Blasco. Así, en 1637, y mientras conducía un carro cargado de trigo, Miguel Pellicer sufre un grave accidente. Cae al suelo y es atropellado por el vehículo de carga, sufriendo la fractura de la tibia derecha en su parte central.
Con la ayuda de su tío es trasladado rápidamente al Hospital Real y General de Valencia, donde queda ingresado el día 3 de agosto de ese año. Dos meses después, en octubre, llega a la ciudad de Zaragoza. Nada más llegar a la ciudad se dirige hasta el santuario de la Virgen, donde recibe la confesión.
A continuación acude al Hospital de Zaragoza. Allí le atiende el cirujano Juan de Estanga, a la sazón Catedrático de medicina de la Universidad de Zaragoza. Viendo el lamentable estado de la pierna de Pellicer -que se encontraba ya en estado gangrenoso-, y tras consultar con los cirujanos Miguel Beltrán y Diego Millaruelo, decide amputarle la extremidad unos cuatro centímetros por debajo de la rodilla. Poco después dos practicantes enterraban la pierna en el propio cementerio del Hospital.
Tras varios meses de estancia en el Hospital, Miguel Pellicer era dado de alta, y a partir de ese momento, con su cuerpo lisiado por la mutilación -y ayudándose de unas muletas- debe buscarse la vida mendigando en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. Allí acude a misa todos los días y aprovecha para untarse el muñón con el aceite de las lámparas del interior de la capilla, a pesar de que los médicos le habían desaconsejado dicha práctica. El fervor y devoción que el joven turolense siente por la "Pilarica" va en aumento día a día.
El gran milagro. Después de dos años practicando la mendicidad por las calles de la capital del Ebro, "el Cojo" decide regresar a su pueblo natal, Calanda, en 1640. Sólo tres semanas después de su vuelta iba a producirse un suceso que cambiaría su vida para siempre.
La noche del "Gran Milagro", sobre las 10 de la noche, Miguel Pellicer se retiró a su habitación. Una hora más tarde, sus padres entraron en el cuarto para cerciorarse de que su hijo se encontraba en perfecto estado. Lo encontraron dormido profundamente, y percibieron un olor extraño y agradable. Sin dar crédito a lo que veían, los padres del "cojo" se percataron de que bajo la capa que tapaba a su hijo sobresalían dos pies entrecruzados. Alterados y sorprendidos, intentaron despertar a su hijo, pero tardaron bastante rato en conseguirlo, ya que éste se encontraba bajo los efectos de un profundo sopor.
Una vez despierto el joven, tan sorprendido como sus padres, explicó que había soñado que se encontraba en la Santa Capilla del Pilar, ungiéndose la pierna amputada como tantas otras veces. A pesar de que la pierna restituida se encontraba en perfecto estado, mostraba unas cicatrices en la misma parte por donde le habían pasado las ruedas que le causaron la fractura. ¿Acaso la pierna sana que ahora tenía Pellicer era la misma que debía estar enterrada en Zaragoza?
Un milagro sustentado en documentos históricos
Si algo distingue al Milagro de Calanda sobre otros supuestos milagros es la existencia de una completa serie de documentos que parecen confirmar su autenticidad. Pocos días después del milagro atribuido a la "Pilarica", Miguel Andreu, notario de Mazaleón, levantaba un acta pública en la que recogía los sucesos acaecidos en Calanda. Este decisivo documento, conocido como el Protocolo de Mazaleón, consta de 8 páginas. Fue el párroco Marco Seguer quien pidió al notario que dejara constancia de tan inusitado suceso. Actualmente éste documento notarial supone una importante fuente histórica para el estudio del supuesto milagro.
El 25 de abril de 1640, Pellicer volvía a Zaragoza con la intención de agradecer a la Virgen su milagrosa curación. Allí dejaría como exvoto la pierna de madera que hasta entonces le había servido de apoyo.
Finalmente, el 5 de junio de ese mismo año se abría un proceso canónico que tenía como finalidad certificar la veracidad del Milagro. Fue don Pedro Apaolaza, Arzobispo de Zaragoza quien actuaría como juez de la Diócesis. A partir de ese momento se sucedieron las entrevistas e investigaciones, recogiéndose los testimonios de los involucrados en el suceso, como el del cirujano Juan de Estanga, encargado de la amputación a Pellicer. En definitiva, un informe de 203 páginas formado por los testimonios de 25 personas. Diez meses después se cerraba la investigación, que concluyó con una sentencia que apoyaba la veracidad del "milagro más importante de la Virgen del Pilar".
Sea como fuere, la sorprendente curación de Pellicer es uno de los misterios que más documentación histórica posee para verificar su autenticidad, distinguiéndolo de otros sucesos que quedan tan sólo en el terreno de la tradición.

Por Javier Garcia Blanco
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