La Tumba KV 55
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Hay una tumba en el Valle de los Reyes, descubierta hace casi cien años, que ha dejado indiferentes a muy pocos, y que supone uno de los mayores enigmas de la egiptología actual, generando t...

La historia

La tumba, es conocida como la KV 55 -siglas de su lugar de ubicación, seguidas del número de orden en que fue encontrada- y pese a ser un hipogeo menor, sin ningún valor arquitectónico o artístico, y haber aparecido prácticamente desierta de tesoros
o información útil para aclarar algunos capítulos de la historia, supone uno de los mayores quebraderos de cabeza para muchos arqueólogos, ya que en ella confluyen varias circunstancias que la hacen única, como el hecho de que fuera encontrada por Davis, un excavador ávido de tesoros que llevó a cabo una poco ortodoxa labor de arqueología, que los sellos de la puerta demostraran que había vuelto a cerrarse por los guardianes de la necrópolis en la antigüedad, que su interior hubiera sido rellenado con cascotes, o que dentro de ella aparecieran objetos de varios personajes reales de la XVIII Dinastía, junto a un ataúd real al que se le había borrado cualquier inscripción que pudiera dar alguna pista sobre la identidad de la momia en él contenida. Sobre esta tumba se ha escrito mucho, desde diferentes perspectivas, y aportando diversas teorías, casi todas difíciles de demostrar científicamente como las auténticas debido al pésimo estado de conservación de algunos elementos claves encerrados en el interior de la tumba y a la minuciosa labor que se hizo en la antigüedad misma para borrar cualquier pista que pudiera conducir a lo que realmente ocurrió dentro de ella.

Si hay un elemento realmente intrigante dentro de la tumba, este es el féretro y la momia que en ella fueron encontrados. Como hemos señalado anteriormente, el escenario en el que Davis y Ayrton lo encontraron era ya de por si bastante anormal.
Y a primera vista se podían apreciar varias cosas que no concordaban, a lo que habría que unir este féretro, creado en un estilo bastante inusual, y que presentaba una serie de manipulaciones, que hacen prever que sufrió una transformación y reutilización.

Los objetos encontrados en la tumba eran muy escasos y de diversas procedencias, aunque tenían en común pertenecer a miembros de la familia real amarniense. En primer lugar, aparecieron varios sellos de barro rotos con el nombre de Tutankhamón lo cual dejaba constancia de que la tumba fue sellada durante el reinado de este faraón. Los cuatro ladrillos mágicos, introducidos en las tumbas como parte del ritual del enterramiento, y que se distribuyen en función de los cuatro puntos cardinales, pertenecían al rey Akhenatón, mientras que los vasos canopes, hallados en la pequeña cámara excavada en la pared oeste, que representan el rostro de una mujer con una peluca típica del período de Amarna muy similar a la del féretro, eran casi con toda seguridad propiedad- aunque aparecieron con el nombre borrado era todavía fácilmente identificable- de Kiya, una esposa de Akenhatón y posiblemente la madre de Tutankhamón de la que no se tienen muchos datos.

CONCLUSIÓN:
La KV 55 sigue abierta, como si hubiera sido un descubrimiento de ayer mismo, rodeada de incógnitas, de preguntas sin respuesta, y de teorías variadas. Todo en ella está rodeado de un halo de misterio, que nos impulsa a pensar que algo muy fuera de lo común sucedió en torno a ella. Nos encontramos ante una tumba que nunca fue utilizada para el fin con el que se excavó, ante una tumba que más parece un escondrijo que el enterramiento de un personaje de alto peso en la corte real, ante una tumba cuyo ocupante permanece en el más profundo anonimato tal y como se buscó y consiguió en su propia época, atacado en su memoria con una brutal violencia, ante una tumba descubierta y excavada entre un cúmulo de despropósitos que aún han cernido más sobre ella el misterio y la oscuridad.
Es muy posible que estudios posteriores, tales como los de los restos humanos encontrados en ella, o el de algunos objetos desaparecidos que puedan volver a manos de los científicos, consigan aclarar algunas dudas en torno a este hipogeo, y que por fin, con toda certeza y no basándonos en hipótesis, podamos afirmar que nos encontramos ante la momia de Akhenatón, uno de los faraones más singulares de la historia de Egipto, visionario para unos, tirano para otros, y que se confirme su paternidad respecto a Tutankhamón. Seguramente a partir de ello, sea más fácil alcanzar cualquier otra conclusión. Es cuestión de tiempo, ciencia y estudio.

Fuente: Marisa Ruiz Calvo
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